25 abril 2012

El origen de la palabra "gilipollas"

Usamos mucho la palabra "gilipollas", pensando que el significado es algo parecido a "tonto de la polla", "estúpido". Y no nos falta razón. Aunque hay muchas explicaciones a la etimología de este vocablo (bonito palabro el vocablo), un amiguete me ha mandado un correo donde explica el origen de esta palabra y de su uso actual. Por lo que he podido comprobar, huroneando por ahí, parece ser que la historia es cierta. Y esa historia es la siguiente:

En Madrid hay una calle llamada de Gil Imón, haciendo de travesaño entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, para más señas.

Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital, D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el escaparate familiar a jovencitas de la buena cuna, como oferta casadera.

A las damitas de entonces se les aplicaba el apelativo de "pollas", que en el Diccionario de la Real Academia Española lleva, como sexta acepción, figurada y familiarmente, el significado de "jovencitas", algo que hoy prácticamente se ignora. La polla de entonces no tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido sustituido ahora.

El tal Don Gil era un personaje de relieve (la prueba está en que tiene dedicada una calle) y su nombre aparecía frecuentemente en los ecos de sociedad de la época. El hombre se sentía obligado a responsabilizarse de sus deberes familiares, como buen padre. Tenía dos hijas en edad de merecer, feúchas, sin gracia, y bastante poco inteligentes. Alguien las definió en su día como lerdas. Y se hacía acompañar por ellas a absolutamente todos aquellos sitios a los que, invitado como primera autoridad municipal, tenía que acudir.

- ¿Ha llegado ya Don Gil?
- Sí, ya ha llegado Don Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas.

Mientras Don Gil se encargaba de atender las numerosas conversaciones que su cargo de alcalde comportaban, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran desocupado, a esperar a que algún pollo (o jovencito) se les acercase, cosa que nunca sucedía. La situación, una y otra vez repetida, dio lugar a la asociación mental de tonto o tonta con Don Gil y sus pollas. ¿Cómo describir esa circunstancia tan compleja de estupidez? Los imaginativos y bien humorados madrileños lo tuvieron fácil: para expresar la idea de mentecato integral e inconsciente, Gil (Don Gil)-y-pollas (las dos jovencitas hijas suyas), gil-i-pollas. 

Cundió por todo Madrid, que compuso esta palabra especial, castiza, nacida en la Capital del Reino y, después exportada al resto de España, ganándose a pulso con el tiempo el derecho de entrar en la Real Academia Española.


Y así, insensatos, se hace la historia, en la calle y con cachondeo, como debe ser...

(Por cierto, si ponéis "gilipollas" en Google y buscáis imágenes, pues...)

1 comentario:

María Alas dijo...

Como siempre aprendiendo cositas nuevas, gracias a tus posts.
Un saludo