11 febrero 2012

No llores...

No llores, no. Por favor, no llores.
Sabías desde hace tiempo que este momento tenía que llegar.
Nunca te he engañado. Siempre te dije que lo nuestro no podía durar.

Duele. Nuestra relación duele de veras. A pesar de todos esos momentos maravillosos, de todas esas noches, de tus caricias, de tus arrullos, de tus abrazos. A pesar de ello me siento herido.

Has sido mi reposo, mi confidente, mi amante. Entre tus brazos he encontrado el cariño, la tranquilidad, esa serenidad tantas veces anhelada. Y has dejado que fuera yo mismo. Nunca me has reprochado nada. Y yo te lo agradezco. Todo lo has hecho como sólo tú sabes hacerlo, con esa mirada sensual que me embriaga desde que te conocí. Has sabido escucharme como nadie. Has estado ahí siempre que te he necesitado...

Pero debo pensar en mi mujer, y en mi hijo.

No puedo seguir traicionándoles cada noche. No se lo merecen.

No, no... no me mires así. Nunca podré olvidarte. Entre nosotros siempre habrá una profunda amistad, te lo juro.
Pero el precio que estoy pagando por esta relación es alto: me estás destrozando la espalda.

Por eso, sofá, esta noche no volveré. No me esperes.
No llores...

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