10 septiembre 2011

In Memoriam

Hace un par de días leía en el diario el País, con cierta admiración, un artículo titulado El Pearl Harbor de los jóvenes del milenio. Os recomiendo su lectura.

En él se desgrana, en tono pausado, agrio, pero con un cierto optimismo, cómo influyó la tragedia del 11 de Septiembre en la juventud americana. La llamada “Juventud del Milenio”.
Curiosamente, y en contra de lo que se podía esperar, la mayoría de los jóvenes que han crecido marcados por aquel fatídico día, no se han vuelto más radicales, más violentos o extremistas. Todo lo contrario. Tras el golpe recibido, orientaron sus intereses y valores, y, en muchos caso, hasta sus carreras, hacia una mayor solidaridad, con curiosidad por conocer y, sobre todo, entender, nuevas culturas.
El atentado y sus posteriores acontecimientos los ha hecho más críticos, más inteligentes, más preparados. Se han implicado en política y en acciones sociales.Y con ello nos están dando una lección en los tiempos que corren.

Este artículo se escribe en memoria de lo que sucedió aquel día. Para que no olvidemos lo traicionero y despiadado que puede llegar a ser el ser humano.
El ser humano no, un grupo de locos extremistas radicales y violentos que acabaron con las vidas de miles de personas en un momento.

En mi casa se vivió de forma especial. Con mucho miedo. Había un grupo de estudiantes extremeños becados en EEUU que tenía programado ese mismo día una visita al World Trade Center. Vivimos horas muy duras intentando saber algo de ellos. Estuvimos en vilo toda la tarde. Nosotros, sus padres, los organizadores... Los teléfonos no contestaban. Internet no era una opción: estaba colapsada. Hasta bien entrada la noche no llegaron las primeras noticias, en forma de mensajes de texto aislados a los móviles de contacto en España. Habían tenido suerte. Se quedaron a las puertas de Nueva York. No llegaron a entrar. No les dio tiempo y gracias a ello, probablemente, salvaron sus vidas.

Pero lo que me impresionó realmente en los dos días posteriores fue la reacción del pueblo americano. El grito de horror y dolor de toda una nación que no comprendía qué estaba pasando. Y aún así reaccionaron todos a una. No importaba por qué había sucedido. Primero había que ayudar. Mientras contemplaba las imágenes de los bomberos, la policía, los voluntarios, veía a la gente cubierta de sangre y polvo, contemplaba a vecinos de la ahora llamada Zona Cero ofreciendo ayuda a la gente que salía de entre los escombros a riesgo de sus propias vidas, comprendí que nos estaban dando una lección de humildad al resto del mundo. No importaba que el gigante estuviera herido. Importaban las personas. Con el tiempo muchos de los que ayudaron han pagado con su salud un alto precio. Pero allí permanecieron. Actuaron cuando había que hacerlo. Por eso no debemos olvidar.

Vaya mi admiración para el pueblo americano. América podrá ser muchas cosas, y podrá vendernos muchos tópicos, pero hay algo que les envidio. Siendo un conglomerado de estados, cada uno con sus leyes, tradiciones y costumbre, formados por diferentes grupos sociales con diferentes intereses políticos, cuando les golpearon, América respondió con un solo grito. El grito de una única nación herida.

Lo que vino después ni quiero ni puedo justificarlo. No es más que el juego de la política, un incomprensible juego que ha costado la vida de mucha gente y del que no voy a hablar. Porque de la misma manera que fue honorable el comportamiento aquellos días, fue vergonzoso lo que luego siguió. Lo que vino después ya no fue ya patriótico. Respondió a muchos intereses creados. Pero como digo, no es tema de este artículo.

Este artículo va por ellos, por los que murieron y por los que han rehecho sus vidas convirtiéndose en mejores personas, con valores más humanos. Por los que, sin olvidar, y seguramente sin perdonar, han querido hacer de este mundo un lugar mejor para vivir. Aún confío en esos jóvenes, que enfrentados a posturas radicales, a ideas políticas interesadas, a la presión social, han sabido obtener lo mejor de una lección que no debe repetirse: un grupo de extremistas no debe poner en jaque a toda una nación. Nunca.

Con todo esto no quito mérito a los que respondieron aquí, en España, en nuestro trágico atentado del 11 de Marzo. Igual de grandes, igual de solidarios. Aunque a nuestros políticos les faltó tiempo para echar basura sobre el asunto, más interesados en los resultados de unas elecciones que en descubrir qué había sucedido. Pero tampoco ese tema es para este artículo. Aquí también hubo grandes gestos, aquí también gritó y lloró un país con una sola voz, pese a la poca vergüenza de nuestros gobernantes.

Vaya desde aquí mi homenaje al pueblo americano. Y al español, y al británico y a cualquiera que haya tenido la desgracia de atravesar una situación como aquella.

“In memoriam”. No podemos ni debemos olvidar. Debemos aprender.

(El blog fotográfico The Atlantic ha hecho una recopilación de las imágenes más duras de aquél día. Aquí tenéis el enlace)

2 comentarios:

Jose Gomez Cualquiera dijo...

Impresionante... todo el mundo se acuerda de lo que hacia ese día, fue nuestro "Caso Kennedy" de nuestra generación. Impresionante... y las fotos... no hay palabras.

Josh dijo...

Sí. Por desgracia, ha habido un antes y un después de ese día...