11 septiembre 2011

En ocasiones veo... liberados sindicales

Aquí vamos de nuevo. Y eso que me había prometido no volver a escribir sobre el tema. Pero la señora Aguirre, la cólera de maestros y profesores, vuelve a deleitarnos con su agudeza visual, más en el terreno de lo sobrenatural, de la percepción extrasensorial que le caracteriza, cuando dice que ella no ve profesores, sino liberados sindicales, en las manifestaciones  de Madrid. Imagino que las que se han producido en otros puntos de España son de… ¿Frailes benedictinos indignados disfrazados?

También, para nuestro solaz y disfrute, se deja caer que los manifestantes son aquellos que causaron los conflictos en las Jornadas Mundiales de la Juventud. Claro, claro…

¡Ya está bien!! Si en “Harto, estoy harto…” me contuve por un equivocado sentido de la  prudencia, y de la educación, ahora voy, como se dice en mi tierra, a “tirar a degüello”.

Porque gente como usted no se merece el respeto con la que se le trata. Hoy les ha tocado a los profesores. Mañana les tocará a los médicos. Dentro de un tiempo a los becarios, después a… 
Je, y la señora Botella dejando entrever que los funcionarios de la administración, a pesar de ser funcionarios, trabajan más de 20 horas a la semana. ¿Pero esto qué es?

¿Hasta cuándo seguirán ridiculizando a los colectivos que sean blanco de sus recortes para desviar la atención del auténtico problema?. Un problema que hay gente que no sabe cuál es, bien porque no lo entiende o bien porque no quiere saberlo, y prefiere mirar para otro lado. Y el problema es que sí, son necesarios los recortes, la austeridad, el “apretarnos el cinturón”, el ser solidarios en época de crisis. Pero, Sra. Aguirre, ¿por qué no empieza por su casa?

Ustedes, que tienen la desvergüenza de hablar de recesión, de crisis, de paro, de impuestos. Ustedes, cuya misión era estar al servicio público, y evitar estos problemas, y lo que han conseguido es que sea el pueblo quien pague sus necesidades y caprichos. Ustedes, que se pasean con la cabeza alta, orgullosos, desafiantes, vehementes hasta la exasperación. Ustedes cuya cultura y conocimiento queda en entredicho a menudo. Ustedes que no tienen ni la preparación ni la humildad suficiente para reconocer que ocupan cargos que les vienen grandes. Ustedes que hablan y hablan sin importarles las consecuencias y, si donde dije digo tengo que decir diego, pues se dice y ya está, que el que venga detrás ya "arreará" con las consecuencias. Ustedes cuya ética brilla por su ausencia. Ustedes, cuyas rentas y patrimonios son insultantes. ¿Ustedes tienen los santos cojones de hablar de crisis y de tiempos duros cuando ustedes no saben ni sabrán nunca (ya se han ocupado de ello) qué es intentar llegar a final de mes tratando de no hipotecarse demasiado?

Ustedes lo que no tienen es vergüenza. Intentan con su discurso vano y vació, con sus enfrentamientos dialécticos barriobajeros, más dignos de un callejón sucio y maloliente en horas nocturnas que de la honorable posición que ocupan, que creamos que los culpables de la recesión económica somos los ciudadanos de a pie, que no hemos sabido administrarnos el jornal, cuando han sido ustedes los que han mirado para otro lado mientras permitían todo tipo de prácticas orientadas al enriquecimiento vil, sin mesura, de sus amigos, de sus patrocinadores o incluso, y eso es lo que más duele, de algunos de sus señorías (esto no lo digo yo, lo está diciendo la justicia).

Una amiga escribía en su facebook el otro día que decir que un profesor trabaja 18 horas es como decir que Casillas trabaja 90 minutos; el presentador de un telediario, media hora; el cirujano, lo que dure la operación… Todos sabemos que no es así. Pero a usted, Sra. Aguirre, eso no le conviene.

José Luis Sampedro (Sra, Aguirre, José Luis Sampedro es docente, sí, sí, un profesor, escritor, economista, y miembro de la Real Academia de la Lengua, no vaya a pasarle como con el Sr. Saramago) define la democracia occidental “como un sistema oligárquico en manos de una minoría dominante” (llame usted a sus asesores para que le expliquen estos términos, por favor). Y deja entrever que hemos alcanzado, como ciudadanos, la más baja autoestima cuando votamos de nuevo a los que se ha demostrado que son ineficaces, y hasta corruptos. Todo su entramado de poder está tejido como una red que hace que el ciudadano desista de cambiar las cosas. ¿Para qué? ¿Si al final siempre son los mismos los que están en esa extraña clase que se denomina a sí misma “política”?. El gran problema surge cuando el ciudadano acaba por creerse que tiene el poder de decidir, de castigar, en las urnas. Una falsa sensación que aplaca a las masas, cansada de tanta injusticia.

Usted tiene miedo. Venga, sea sincera. Un poquito seguro que tiene. 
La solución a la crisis que ustedes mismos han provocado, auque sólo sea porque miraron hacia otro lado cuando descubrieron que no estaban capacitados para semejante tarea, no pasa por eliminar puestos de trabajo o por pegar tijeretazos “sin ton ni son”, en un vano intento de recaudar el dinero que antes han dilapidado. Ustedes han sido los responsables, ustedes deben dar ejemplo. Aprendiendo a hacer un uso racional de los recursos tanto humanos como materiales de que dispone el país (recuerde: no son suyos) Bajándose (de verdad) el sueldo, suprimiendo los cargos innecesarios, que créame, son muchos, eliminando de sus filas a los que la ley ha condenado por corruptos. No nos engañemos. Sí, hay muchos liberados sindicales (cosa de la que venimos quejándonos hace ya tiempo), póngale remedio, pero no los ridiculice o “demonice”. Ha sido el sistema que ustedes han creado el que ha permitido  esas injusticias y otras. ¿Es moralmente aceptable que, mientras todo el país sufre los efectos de la recesión económica, ustedes naden en la abundancia, con sus dietas, teléfonos de última generación, coches oficiales, ordenadores portátiles, despachos de lujo, comidas opulentas, agasajos y genuflexiones varias, todo ello pagado con nuestro dinero?.

Con ése que dicen ustedes ahora que hay que “recortar”. Hace poco un amigo mío, empresario él, me espetó en una conversación que estaba "hasta los huevos" (perdone que use expresiones coloquiales y soeces, es la confianza. La veo tantas veces últimamente en los medios de comunicación que es como si fuera de la familia) de tener que pagar el sueldo de los funcionarios.

Buena táctica, enfrentar a los ciudadanos entre si, mediante hábiles mensajes que por repetidos acaban por ser considerados verdades, para evitar que se den cuenta de los únicos culpables de la situación por la que estamos pasando son ustedes.

No tire piedras contra su propio tejado, Sra. Aguirre. No haga que la gente piense que la culpa de todo la tiene los “vagos” de los funcionarios. Le aseguro que si no fuera por ellos, y por todos aquellos trabajadores, públicos o privados, que se “marcan” todas las semanas más de 20 horas en el trabajo, este país se habría ido al garete hace ya varios años. Y comuníquele a sus colegas, tanto de un signo político como de otro, que una cosa comenzamos a tener clara los españoles: saldremos de ésta con tiempo, y mucho sacrificio, esfuerzo y trabajo, pero no será gracias a ustedes. Piénselo bien antes de volver a hablar en público, señora de las anchas espaldas, no vaya a darle una iluminación repentina, como a la Merckel, y se crea el paladín que liberará a España del yugo de la crisis, de los profesores, de los médicos y enfermeros, de la policía, de los obreros, de los liberados sindicales y toda esa pérfida clase de gente de mal vivir y peor pensar, en que quieren convertir al funcionario público.

Porque si seguimos el consejo de ese venerable y sabio anciano que es José Luis Sampedro, que, ante la estrepitoso fracaso del comunismo primero, y del capitalismo salvaje después, pone como pilar de la solución una educación que forme librepensadores críticos, y sacar del armario los valores éticos que durante algún tiempo nos enseñó esta sociedad, habría muchos de sus señorías que deberían dejar sus cargos.

Y a los que me escuchan (esto ya no es para usted, Sra. Aguirre. Puede dejar de leer, no vaya a ser que aprenda algo y le dé un pasmo) les digo que esto tiene solución. Una y única: implicarse, arrimar el hombro, unirse. En la medida en que cada uno pueda. Yo mismo, escribiendo esto que me había prometido no escribir. Los indignados, indignándose, poniendo el dedo en la llaga. Los que más comprometidos estén, los que más recursos tengan a su alcance, haciendo política “de barrio”, atendiendo a las necesidades cotidianas, las más cercanas, y aportando soluciones. Hay que empezar por poco, para tratar de poner este barco en un buen rumbo. Y romper las reglas del juego y crear unas nuevas. Como una nueva ley electoral, donde se pueda votar a las personas y no tener que tragar un paquete de incompetentes si queremos votar a aquellos que representan o más se acercan a nuestra ideología. Como otra ley que asigne un sueldo al cargo público en función de su nivel de estudios, como se hace habitualmente en la Administración Pública, sin que tenga que poner un duro de su bolsillo en el desempeño de sus funciones, claro está, pero rindiendo cuentas de su patrimonio a la entrada y la salida del cargo. Eso es estar al servicio público.

Podría seguir, pero no lo voy a hacer. El sentido común trazará el resto de las soluciones. ¿Se ha fijado? Una educación que forme librepensadores, comprometidos con la realidad cotidiana y sobre todo éticamente intachables. Da miedo, ¿verdad? ¿Es por eso que a veces ve liberados sindicales, Sra, Aguirre?

P.D. Por cierto. Existe un arto sin hache. Pero ése se lo dejo a sus asesores. Una pista: si lo buscan en un libro que se llama diccionario, seguro que lo encuentran.

3 comentarios:

Jose Gomez Cualquiera dijo...

Verdades como puños, totalmente de acuerdo. La educación nos hará libres!

Josh dijo...

La educación nos hará libres, más sabios, espero que más responsables y comprometidos. Sin embargo, a cambio, también nos hará más infelices, puesto que cuanto más se conoce, mayor es la frustración. Pero siempre es preferible una generación de librepensadores a una de conformistas.
Por mucho que duela darte cuenta de que nos están tomando el pelo.

Anónimo dijo...

No sé para qué os molestais. Al final harán lo que les de la gana, siempre ha sido así y siempre será